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domingo, 17 de abril de 2011

¿Cuál es tu filtro?

Esta semana me topé con tráfico pesado un par de veces. Y en una de esas, veo que en esas partes donde dice “Ceda el paso” y que siempre hay un gandalla que desconoce el término, dejo pasar a un carro y veo que el que le sigue va a 2 cm de pegadito. Obvio que pensé que era de ese tipo de personas que se meten a la fila y avientan la lámina. Bajo el vidrio y le comento que si pudiera ceder el paso, a lo que me responde que no es de la ciudad y va siguiendo al carro de adelante a s destino. Con ese comentario, no me quedó más que cederle el paso.

Me puso a pensar que aunque estamos en una ciudad cosmopolita donde cada vez con mayor frecuencia se puede ver diversidad en look, preferencias políticas, religiosas, sexuales, etc. Seguimos teniendo nuestros filtros personales que definen en gran medida las decisiones que tomamos en la vida.

Seguramente ceder el paso no es gran cosa, pero nuestra actitud cada vez con mayor frecuencia se vuelve a la ofensiva porque creemos que nos están atacando por todos lados, porque escuchamos que nuestros derechos deben ser escuchados y atendidos, porque tenemos la libertad de expresión, porque valemos y merecemos respeto. Si es cierto. Pero así como nosotros lo merecemos, también lo merece la otra persona.

El aspecto físico, los tipos de conversaciones, el tipo de carro, no debieran ser determinantes en nuestra actitud y trato hacia los demás. Todos merecemos ser tratado con respeto. Al fin y al cabo todos vamos para donde mismo, y nos guste o no volveremos a coincidir.

domingo, 10 de abril de 2011

No somos iguales

La vez pasada estaba bajando por Blvd. Puerta del Sol a la hora pico. Hay un punto donde se integran los dos carriles que vienen de Galerías Monterrey y dos que vienen de Blvd. Rogelio Cantú. Así que siempre es un lío pasar. Mi filosofía es ir por el carril derecho y poco a poco irme metiendo, siguiendo el flujo natural del tráfico. Uno pensaría que la gente joven tiende a ser más atrevida y atrabancada, y la gente adulta, que pudieran ser sus padres, sería más precavida y cortés, tanto en lo general como en la ética vial. Cuál fue mi sorpresa que mientras yo esperaba pacientemente mi paso, una señora con poco menos de 50 años en un mamamovil rebasó por donde pudo para meterse literalmente a fuerza al carril central. Una vez más se refuerza que no todo lo que brilla es oro, pero más aún que no todos los jóvenes son iguales, ni todas las mamás tampoco.

Esto me recordó un curso al que fui de Diversidad e Inclusión, donde el lema principal es que todos no somos iguales, y que lo que se debe fomentar es la equidad y no la igualdad en cuestión de derechos y obligaciones para la vida. Todavía estamos en una época donde las mujeres siguen luchando por mejores posiciones en las empresas, y ante un mismo trabajo las mujeres ganan menos. Por otro lado estamos viendo cada vez más que los hombres incursionan en áreas anteriormente consideradas para mujeres, y también viceversa. Así que los estereotipos están cambiando y considero que la sociedad y las leyes se están quedando atrás para adaptarse a esta nueva realidad.

Las mujeres y los hombres tenemos características muy particulares y específicas de nuestro género, que si bien no limitan la capacidad de desarrollar otro tipo de habilidades, sí es un hecho que las que tenemos naturalmente son potencialmente más fáciles de realizar y con una mayor probabilidad de éxito que las otras.

Entonces, imagínate que aunque tuviéramos los mismos derechos, existieran esas cláusulas especiales para casos específicos de hombres, mujeres, niños, jóvenes. Porque no somos iguales, y nuestras necesidades no son iguales. La igualdad ya no es suficiente (si es que algún día lo fue), y lo que necesitamos es la equidad, donde a cada cual se le da su espacio hecho y derecho de declarar su individualidad. Seguro es más complejo de definir y establecer leyes para todos. Pero el éxito de una sociedad radica en los principios de convivencia y respeto a los derechos y valores, por lo que una adaptación a la realidad que se vive en la calle, en el día a día, marcará el camino de un futuro prometedor que está llegando  más rápido de lo que podemos adaptarnos a él.

Si nos esperamos a que alguien más empiece a cambiar, podemos quedarnos sentados y esperar toda una vida. Cada uno de nosotros tenemos en nuestro poder un granito de arena que es crucial para la gran construcción de un mejor mañana para nosotros y nuestros hijos. Decide bien donde pones ese granito.