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disfruta el viaje...

domingo, 28 de agosto de 2011

Zacate mojado

Dos de mis olores favoritos son tierra mojada cuando recién llueve y zacate recién cortado. Olerlos me transporta a un lugar de paz, armonía, tranquilidad. Pero para la mayoría de la gente, darse el tiempo para disfrutarlo aunque se aun minuto, es impensable. Esto me trae a esta semana donde llovió duro, tupido, como el llanto incontenible de un niño al perder aquello que más quería.

Esta semana perdimos un poco más de nuestra inocencia, un poco más de tranquilidad, un poco más de esperanza y fe. Pero tal parece que ya nos acostumbramos tanto a no tenerla como la teníamos antes que un poco más o un poco menos ya nos da lo mismo. Horas después del incidente del casino, el resto de los centros de apuestas estaban llenos. Al día siguiente llovió a cantaros y la gente sigue faltando las reglas de vialidad queriendo evitar la fila y meterse hasta el principio. Escuchamos diario, día y noche, balazos y sirenas, pero seguimos saliendo de antro y llegando a altas horas de la madrugada, o peor aún, vamos después de la media noche al 7-11 por refill de cheves. Vemos pasar un comando armando de militares, y todavía hay quienes se van detrás del último para evitar el tráfico, como antes se hacía con las ambulancias.

No estoy diciendo que todos valoremos lo mismo, pero tal parece que la pirámide de Maslow perdió vigencia después de más de medio siglo de definir la jerarquía de necesidades del ser humano. La necesidad básica ya no es comer o tener seguridad, sino tener bienes materiales, inflar los egos, ser más poderoso cada día a costa de lo que sea.

Darwin con su teoría de la evolución decía que las razas que prevalecen con aquellas que se adaptan al cambio. Una cosa curiosa es que la mayoría de los malhechores no quieren prevalecer, porque hay estudios que dicen que más del 75% no llega a los 30 años de edad. Lo que buscan es tener más hoy. Sea lo que sea que eso signifique para ellos.

Nosotros que tenemos la inquietud de hacer algo, de ver y hacer cosas diferentes, sí queremos prevalecer, queremos vivir una vida plena, una vida feliz. Donde podamos madurar, ver crecer a nuestros hijos, nietos, hermanos. Estoy segura que como yo, tú también quieres disfrutar un día lluvioso después de la canícula, oler tierra mojada y transportarte a un lugar mágico.

Querer es el primer paso, le sigue cuidarnos a nosotros mismos y a los nuestros, después de eso, cosas buenas están por venir. Yo estoy segura que cada vez somos más los que queremos una vida tranquila. Cada quien empieza consigo mismo, cambiando el paradigma de la costumbre que le hace no valorar las cosas que verdaderamente importan, después se lo compartes a tu pareja, a tus papas, a tus amigos. Es una cadena que una vez que empieza se multiplica con creces.

Empieza hoy, y para recordarte que todo saldrá bien, te invito a regar un poco el jardín y disfrutar el olor mágico de la tierra mojada.

domingo, 21 de agosto de 2011

Aparigraha

Ayer sábado fuimos los choferes oficiales en la boda de unos muy queridos amigos. Y tal fue nuestra fortuna que un amigo de la oficina nos prestó su carro, un BMW del año. Ojo cuadrado para todos, porque no se lo esperaban (ni nosotros para ser sinceros). La boda fue un éxito, desde las 8 am estuvimos para todos lados, fotos, misa, recepción y torna. Una gran festividad eso que ni qué. ¡¡Felicidades Arturo y Adriana, muchas bendiciones!!

Algo que me llamó la atención fue la tranquilidad y confianza con la que este amigo nos prestó su carro. Que sí es un bien material, para muchos un carro así pudiera ser algo preciado que no tiene por qué arriesgarse. A lo que voy, no es prestar todo a todos, sino a la reflexión en uno de los principios básicos de bienestar: el desapego.

En la filosofía del yoga, el desapego esta representado en el 5to Yama, llamado Aparigraha que se enfoca en “compartir y distribuir las riquezas personales, no ser acumulativo; el abandono de la avaricia y al desarrollo de la capacidad de aceptar sólo lo apropiado; cultivar una actitud de generosidad y servicio a los demás”.

En vez de compartir y fomentar el bienestar, podemos ver en general una actitud egocentrista y avara que hasta se respira en el ambiente, desde el tráfico, no queriendo dejar a nadie pasar o querer meterte al inicio de la fila; hasta en cuestiones de la familia, de la casa, de los amigos, de cualquier asunto de la vida cotidiana.

En la tradición Budista, un principio básico para el inicio del camino hacia la iluminación es vaciarse para poder llenarse de nuevo con cosas mejores. Para muchos de nosotros vaciarnos y desprendernos de las cosas que tenemos, tanto físicas, como emocionales, mentales, paradigmas, concepciones que más que por convicción lo hacemos por hábito, sería una blasfemia siquiera pensarlo. Pero pasamos por alto los beneficios que pudiéramos gozar, empezando por paz interior hasta mensajes que se mandan al universo para regresarnos mucho mayor abundancia.

Yo verdaderamente creo que si poco a poco vamos desapegándonos de cosas físicas y paradigmas mentales y lo vamos compartiendo con los que nos rodean, podemos hacer la diferencia contagiando un mensaje de confianza. A todos nos vendría bien de vez en cuando, y seguro cada vez con mayor frecuencia, un “yo confío en ti”. Así que te invito a soltar, desapegarte, disfrutar y compartir lo que tienes con los que amas. Hoy es un excelente día para empezar.

domingo, 14 de agosto de 2011

Zona peatonal

Esta semana iba por Cuauhtémoc por ahí de la 1 pm y necesitaba voltear hacia Madero. Cuando el semáforo se puso en verde me dispuse a voltear pero no pude avanzar mucho porque por Madero había una fila que parecía interminable de peatones. Así que por más que quisiera no pude avanzar hasta que cambió el semáforo y el último peatón que cree que si el semáforo está en amarillo alcanza a cruzar toda la calle de 6 carriles. Entonces me puse a pensar que la ley de tránsito dice que el peatón siempre tiene el paso y que si un conductor llega a golpear o atropellar a un peatón, mientras se hacer la averiguación, el conductor fue culpable y se va detenido. Llevamos las de perder con tanta gente aventada que prefiere cruzar la calle en vez de usar el puente peatonal.

Así que me pregunto qué tan aventados debiéramos ser en la vida. Muchos casos de éxito en diferentes tipos de negocio han tenido éxito por la simple razón que arriesgaron todo lo que tenían, que en ese momento era muy poco, así que el riesgo era casi nulo. Arriesgarlo todo, los llevó a hacer lo que realmente querían, soñaban y anhelaban; y con el paso del tiempo tuvieron un gran éxito. Y aun con gran riqueza y bienes materiales conservan ese espíritu aventurero que los llevo al lugar donde están hoy día.

Por otro lado, los que empiezan a tener, en su mayoría, tienden a ser más cautelosos. Pudiera decirse que la cautela es directamente proporcional a los bienes poseídos. Es como si los que tienen menos se avientan a cruzar la avenida, cuando los que tienen algo que cuidar usan el puente peatonal.

No todo aventado tiene éxito, también es válido decirlo, así que lo aventado se puede mal utilizar en hacer cosas no tan buenas. Desde rayar paredes hasta tomar lo ajeno o incluso más.

Esto me regresa a la pregunta inicial. ¿Hasta dónde? La actitud inquieta no se debe mermar, pero más allá de cualquier canalización a la que se enfoquen debiera tener un fundamento lo suficientemente sólido y basado en valores que permita cruzar la calle aun cuando el semáforo está en verde aun cuando se tenga el puente peatonal arriba. Y tú, ¿te avientas?

domingo, 7 de agosto de 2011

Confia en mi

La mayoría de los días en la tarde, a la salida, es un caos para salir del estacionamiento. Aunque te recomiendan que te estaciones de reversa, habemos muchos que por la prisa o flojera no lo hacemos. Las consecuencias las pagamos al final del día. Pero también siempre hay una persona que de buena fe te hace señales para salir bien, porque obvio no alcanzas a ver si viene carro o no. Cuando estas en una tienda o restaurante, es muy común que el cuidador del estacionamiento lo haga por la propina o porque es su trabajo. Pero en la oficina cuando un compañero te ayuda así de la nada se siente raro. Y entre las rarencias también está la incertidumbre de si le sabe calcular bien o si me va a llevar a chocar gratis. Aunque a veces voy nerviosa, he optado por confiar.

Hoy día cuando las cosas están de mal en peor, donde ya nos acostumbramos a ver comandos armados por todos lados a todas horas del día, donde le pensamos dos veces para salir a cenar o a una fiesta en la noche, todavía hay personas que son dignas de confiar. Ahora las contamos con los dedos de la mano y a veces nos sobran dedos. Sin embargo, no significa, que los que ya conocemos como “confiables” sean los únicos que están a nuestro alrededor dignos de nuestra confianza.

Vivimos en un país donde la regla es que “eres culpable hasta que se demuestre lo contrario”, pero como dijo Gandhi si en la vida fuera ojo por ojo todos acabaríamos ciegos y además desconfiados.

Cada uno de nosotros tenemos derechos pero también obligaciones y responsabilidades, por lo que en la medida que lo básico, mínimo, indispensable sea cumplido estamos del otro lado. Lo que hagamos adicional nos dará puntos y nos hará jugadores más deseados en el futbol virtual.

El caso es que muchos no hacen lo que les toca, y los demás aunque lo ven no hacen o dicen nada al respecto. Así que papelito en papelito ya tenemos una montaña de incertidumbre y desconfianza.

Si un hijo cumpliera su deber de ser buen hijo, un padre de ser buen padre, un vecino de ser buen vecino, un amigo de ser un excelente amigo, un hermano de ser el mejor hermano, nos sentiríamos con la confianza de sentirnos protegidos y saber que lo que hace o dice la otra persona es cierto. Quizá no sentiría incertidumbre por que mi compañero me vaya a llevar a chocar o que un carro pase a alta velocidad y me lleve de encuentro.

Como todo, esto también empieza en uno mismo. Y volviendo a citar a Gandhi, nos deja este pensamiento “sé el cambio que quieras ver en el mundo”. No esperemos que el otro empiece. Hoy por hoy quien da el primer paso lleva la ventaja. Empecemos hoy, siendo lo que nos toca y un poco más. Para cuando se den cuenta vivirán más felices y podrán disfrutar mejor el maravilloso regalo de la vida y la compañía de un ser querido.