La mayoría de los días en la tarde, a la salida, es un caos para salir del estacionamiento. Aunque te recomiendan que te estaciones de reversa, habemos muchos que por la prisa o flojera no lo hacemos. Las consecuencias las pagamos al final del día. Pero también siempre hay una persona que de buena fe te hace señales para salir bien, porque obvio no alcanzas a ver si viene carro o no. Cuando estas en una tienda o restaurante, es muy común que el cuidador del estacionamiento lo haga por la propina o porque es su trabajo. Pero en la oficina cuando un compañero te ayuda así de la nada se siente raro. Y entre las rarencias también está la incertidumbre de si le sabe calcular bien o si me va a llevar a chocar gratis. Aunque a veces voy nerviosa, he optado por confiar.
Hoy día cuando las cosas están de mal en peor, donde ya nos acostumbramos a ver comandos armados por todos lados a todas horas del día, donde le pensamos dos veces para salir a cenar o a una fiesta en la noche, todavía hay personas que son dignas de confiar. Ahora las contamos con los dedos de la mano y a veces nos sobran dedos. Sin embargo, no significa, que los que ya conocemos como “confiables” sean los únicos que están a nuestro alrededor dignos de nuestra confianza.
Vivimos en un país donde la regla es que “eres culpable hasta que se demuestre lo contrario”, pero como dijo Gandhi si en la vida fuera ojo por ojo todos acabaríamos ciegos y además desconfiados.
Cada uno de nosotros tenemos derechos pero también obligaciones y responsabilidades, por lo que en la medida que lo básico, mínimo, indispensable sea cumplido estamos del otro lado. Lo que hagamos adicional nos dará puntos y nos hará jugadores más deseados en el futbol virtual.
El caso es que muchos no hacen lo que les toca, y los demás aunque lo ven no hacen o dicen nada al respecto. Así que papelito en papelito ya tenemos una montaña de incertidumbre y desconfianza.
Si un hijo cumpliera su deber de ser buen hijo, un padre de ser buen padre, un vecino de ser buen vecino, un amigo de ser un excelente amigo, un hermano de ser el mejor hermano, nos sentiríamos con la confianza de sentirnos protegidos y saber que lo que hace o dice la otra persona es cierto. Quizá no sentiría incertidumbre por que mi compañero me vaya a llevar a chocar o que un carro pase a alta velocidad y me lleve de encuentro.
Como todo, esto también empieza en uno mismo. Y volviendo a citar a Gandhi, nos deja este pensamiento “sé el cambio que quieras ver en el mundo”. No esperemos que el otro empiece. Hoy por hoy quien da el primer paso lleva la ventaja. Empecemos hoy, siendo lo que nos toca y un poco más. Para cuando se den cuenta vivirán más felices y podrán disfrutar mejor el maravilloso regalo de la vida y la compañía de un ser querido.
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